“No puedo ir a votar con esta facha”, vociferó La Trava en el cotolengo mientras pintaba la tercera decenas de uñas postizas de múltiples colores. Terminado este habitual menester de su meticulosa producción, abrió su documento en la primera página y con el mismo esmalte de uñas comenzó a pintar su foto.
“¿Qué hace?” Le preguntó azorada la Prof. Ciencias de la E. “Me maquillo”, respondió con total naturalidad la Trava sin levantar la vista de su obra. “Es que a cara lavada no me reconozco”, continuó Carol, como adoptó ser llamada.
Cuando terminó de laquear con vivos colores la imagen de ese joven andrógino que figuraba en su DNI, tomó perspectiva y dijo satisfecha: “Ahora sí soy yo, ¿no?” La foto había quedado como un Warhol de Marilyn Monroe.
“Señorita De la Sota, si adultera su documento además de cometer un delito se priva de su derecho a participar de los sufragios para elegir a los representantes que la van a gobernar”, adujo la Profesora Ciencias de la E.
La Trava satisfecha con su intervención dijo como al pasar: "No puedo pensar en ejercer mi derecho a votar hasta tanto no se respete otro más elemental, el derecho al reconocimiento de mi identidad."
Cuando terminó su obra la firmó al pie con una dedicatoria: "A todos los menganos como una. La Fulana". Y mostrando la foto de su DNI recién coloreada a Elvi Rot que justo andaba por ahí -recomendando fórmulas a diestra y siniestra para prevenir los asaltos, asesinatos y violaciones que se venían sucediendo cada vez con mayor frecuencia durante los últimos meses en la ciudad cordial- la Trava la miró fijamente y le dijo: “Este es apenas un documento de mi obra”. “Mi obra”, repitió señalándose a sí misma. “Así que a este documento mejor lo voy a encuadrar.”
Y mientras se dirigía lentamente a su cuarto a producirse para la fiesta de la noche en el Cotolengo, cantó emocionada y orgullosa a la vez por reconocerse como una verdadera una artista de sí misma y por sus orígenes que le dieron la fuerza para llegar a ese lugar.
